Hoy, nos apetece hablar sobre las prendas “reciclables”… ¿Os suena de algo?

Se trata de reciclar ropa usada y darle una segunda vida. ¿Vuestra madre o abuela no convertía una camisa vieja en un pantaloncín o una camisa en nuestro tamaño?

Si se queda pequeña una prenda o ya no sirve directamente, tirarlo a la basura no es la mejor opción, desde nuestro punto de vista. Somos más partidarias de echar a volar la imaginación. Darlo puede que sí sea una opción, pero preferimos dar una segunda oportunidad… ¡Como todo en la vida!

También es que las modas cambian, así como nuestros gustos personales a lo largo del tiempo, dándoles una evolución. Entonces, llega un punto en que aquellos pantalones campana o nuestra “súper mega sudadera” que tanto ansiábamos y por la que tanto nos habíamos desvivido y luchado por tenerla en aquella época, pasan de moda por completo, simplemente, la olvidamos en el armario. ¿Lo que se dice tener una prenda “muerta de risa”? Pues eso.

No obstante, la mayoría de  nosotros – por lo menos, por aquí – se resiste a tirar nada y, por ello, aprender cómo reciclar ropa es tan importante: y es que nos permite dar una nueva oportunidad de vida a lo viejo haciendo creaciones maravillosas.

Un ejemplo muy común es el tema de los faldoncitos… ¡pena terrible el tener que dejarlos guardados en el cajón!

Por aquí, los reciclamos y los dejamos como vestidín cortito o bien como camisita para con pololos o nuestras braguitas en perlé – en muchos colores – a juego; como en esta imagen de nuestra modelo, una preciosidad de niña que los lució con nosotras desde que nació y resulta que también se resiste a quitárselos… ¿cómo lo veis? Una auténtica gozada.

¿Que por qué reciclar y/ o reutilizar la ropa?

Pensamos que, cuando dejamos de usar una prenda, no solo tendemos a ocupar espacio de más en nuestra casa innecesariamente, sino que, además, generamos toneladas de residuos en gran parte no biodegradables. Ya que, en términos generales, muchas piezas de ropa son tejidos sintéticos e incluyen elementos metálicos o plásticos.

Además, podría reducirse, con esta práctica, el gasto de comprar ropa nueva, con tan solo poner un poco de imaginación y convertir prendas que se han quedado anticuadas en algo nuevo e incluso innovador.

Sí, sí. Lo que leéis. De vestidos nuestros de talla más grandes de niña hechos en cualquier tejido – como el lino o el algodón – a camisitas para el mediano, de jerseys de punto de lana nuestros, a capotitas o patucos para el bebé, de camisas nuestras del más mayor a trajecines para la tercera, “imaginarse”. En fin, un sinfín de ideas.

Luego, le aplicas las puntillas y los detalles de lo que sea, encontrando lo que necesites en cualquier mercería del barrio de tu casa. Lo conjuntas con braguitas, pololos, tirantes y unos bonitos zapatos y es que, ahora, para verano, que ni pintao´que se dice.

Vistas estas imágenes de ropa tan sencilla que tenemos, son totalmente heredables y convertibles en cualquier otra prenda. ¿No os parece?

 

Si sois de los que os gustan y disfrutáis con las manuealidades, esta es una oportunidad magnífica que todos, al final, acabamos agradeciendo. ¿Que no se os da “de perlas” el asunto o, directamente, no habéis tocado una prenda en este sentido? Seguro que alrededor tenéis a gente con manos prodigiosas, ¡aprovechad!

Dicho esto, nos despedimos por hoy. ¡Espero que os haya gustado!